La historieta en la Patagonia, parte I. Alejandro Aguado

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Si bien hubo experiencias aisladas, en los años 80 que la historieta tomar mayor impulso en el sur argentino. Los exponentes surgieron en diferentes puntos de la Patagonia con la influencia de una varias experiencias a un país que supo ser uno de los mayores exponentes de este género. Alejandro Aguado reside en Chubut y desde allí impulsó una serie de experiencias colectivas que llevaron a trabajar a 60 dibujantes en una publicación con varios miles de ejemplares vendidos.

mirandamarcelofabian@gmail.com

¿Cuales fueron los comienzos de la historieta en la Patagonia?

-En Patagonia siempre estuvimos como todos muy fragmentados,  porque no estamos en contacto dentro de la misma Patagonia. Donde yo pude más investigar es en la zona donde yo resido. Lo que encontré que los primeros esbozos son del año 1917, publicaciones que perduraron medio de casualidad. Chubut siempre tuvo una tradición muy importante publicando historietas en los diarios. Yo hice un poco una compilación general  pero la movida empezó fines de los años 80 y principio de los 90 que fue cuando se publicaron las primeras revistas de historietas. Que se publicó, en Roca, El sistema con “Chelo” Candia, después estaba “Alquitrán” en la ciudad de Neuquén, “El humor de la semana” en Caleta Olivia, Santa Cruz y “Duendes del Sur” en Chubut, que hice yo.

¿Más allá de los trabajos individuales cuales fueron las experiencias en conjunto?

-En el 91/92, no me acuerdo bien el año, fui a exponer a Neuquén con un grupo de Comodoro. Ahí nos conocimos con los locales que eran los “Alquitrán”, que hacían la revista. Surgió una idea de realizar unas publicaciones en conjunto, pero empezamos intercambiando material. En esa época no había internet así que lo hacíamos por teléfono o viajando personalmente, era otra la perspectiva que había en los 90, cambió mucho la cosa ahora.

¿En qué sentido cambió?

-Cambió en que se trabajaba más grupal, la sociedad era otra. Aparte había mucha movida de historietas a nivel nacional. Estaba todas las grandes revistas, Argentina, hasta ese momento era una de las siete potencias en cuenta a calidad y cantidad, de dibujantes, de publicaciones, de todo. En Patagonia, hasta ese entonces no había una movida grupal. A mí se me ocurrió presentar un proyecto en un diario, que es el principal en la Patagonia central que es Crónica, que sería el equivalente al Río Negro en el norte de la Patagonia. Les interesó la propuesta e hicimos una tirada de 15.000 semanal, lo leían 60.000 personas, ese era el promedio. Nos juntamos todos y empezaron a publicar todos, incluso el “chelo” Candia; después fueron apareciendo dibujantes por otras ciudades. En 93 se hizo la primera bienal de la Patagonia que fue en Bariloche los que ganamos (3 premios) era gente que ya estaban publicando en la revista. Llegamos a ser más de 60 autores que publicamos en ese momento.

¿Cuál es la característica de la historieta Patagónica?

-En este momento es bastante fragmentario. Son distintas personalidades según las ciudad. Neuquén tiene una onda internacional, mayor influencia de súper héroes, después el “chelo” Candia tiene mucha personalidad, uno sabe, cuando ve un trabajo que es de él, es entre poético y atado a la realidad,  con el humor. Después esta en los valles del Chubut, Trelew, Gaiman, una onda más poética, más naif, acá en Comodoro es más duro, más áspero todo. Cuanto más al sur todo es más áspero, el clima influye mucho en las temáticas. Yo siempre trabajé temas regionales indagando en la historia, en el pasado. Tengo como 15 libros publicados sobre temas de investigación, pero ya de historia de la región.  Muchos de los que estaban en Neuquén se fueron del país, uno empezó a trabajar para Marvel, otro se fue a México, es como que son los más internacionales. Identidad en sí, que haya una sola. Eso de trabajar con los temas regionales se ha ido acentuando con el paso de los años. Cuando yo empecé a trabajar esos temas en los años 90, no había casi nadie que trabajara los temas regionales.

¿Qué pasa cuando mostrás tus trabajos, que hablan de la Patagonia, fuera de ese territorio?

-El tema Patagonia le interesa a los patagónicos y a los europeos, porque es algo exótico para ellos.

Y lo que tiene la Patagonia, desde el tiempo en que llegaron los colonos hasta ahora, es muy corta pero intensa, muy rica, porque llego gente de todo el mundo. En la zona de cordillera tiene una historia muy parecida al Far West americano. Lo que es “Danza con lobos”, la película, yo la encontré, que paso igual, acá en el sur este de Chubut. Los indígenas peleando con el ejército, después los colonos que llegaban y se unían con los originarios, exploradores, unas historias muy increíbles. Después tenemos el problema que Buenos Aires no publica autores patagónicos. Cuando ellos hablan de Patagonia, usan una visión como que es de ellos, del lugar lejano, perdido, frío, que va la gente a exiliarse por que no le queda otra, es como que la identidad del patagónico no la ve.

En tus trabajos abordas distintos tópicos. Desde los fantástico hasta las historias que son propias del Far West. ¿Qué te falta por explorar?

-La verdad que siempre queda. Lo que tiene Patagonia que tiene tanta riqueza. En general, cuando se piensa en Patagonia es como si se anda en la meseta, en el desierto, como si no hay nada. Esos lugares, aparentemente vacíos, están llenos de todo. En algunos casos, puede remontarse hasta 13.000 años atrás. Cuando uno aprende a leer ese todo, la riqueza que hay ahí, es descomunal y, en general, es bastante desconocida. La conocen los paleontólogos, los arqueòlogos, gente que se mete adentro. Como ya hice muchos libros que me fueron adentrando en el territorio, investigando el pasado, encontré pueblos abandonados, los pueblos indígenas, la etapa de los colonos, la etapa de los exploradores. En estos últimos años, empecé medio como explorador también, en ir a lugares que ni la propia gente de la zona los conoce. Acá en el centro (de Chubut), hay muchas serranías. Empecé a encontrar que esta lleno de arte rupestre, rastros de los antiguos indígenas, cementerios por todos lados y uno aprende a leer todo eso, que lo puede buscar en el trabajo. Empecé a hacer crónicas, pero ilustradas, son dos lenguajes que se complementan.

¿Quiénes te influenciaron para hacer tu trabajo?

Uff, el listado es muy grande. Al ser una potencia Argentina –en historieta- hay pasado centenares de dibujantes muy buenos. Cada publicación tenía una personalidad también. El nombre de los referentes que son los conocidos a nivel mundial: Enrique y Alberto Brescia, José Muñoz, y después un listado enorme,  “chingolo” Casalla con el que hemos sido amigos. Lo lindo, que al pasar de los años y estar en Patagonia terminé siendo amigo y trabajando con muchos de los que yo admiraba, leyendolos de chico. Cuando hice el suplemento, con la editorioal “Los Duendes”, donde publiqué más de 70 títulos en papel y en Internet estuvo 14 años actualizándose todas las semanas. Participaron más de 200 autores. En el año 2010 nos consideraban una de las principales editoriales de la Argentina. Hacíamos “La semana de los duendes” en Buenos Aires y era un lleno total que nosotros no lo podíamos creer. Iban  los autores, los referentes, autores, dibujantes, guionistas y llenábamos todo de público.

¿Qué pasa con las nuevas tecnologías y la historieta?

-El problema que hemos tenido en la Argentina es más que nada económico. Siempre se ha dicho que las nuevas tecnologías destruyeron la industria pero, en realidad, lo que paso en la Argentina, es que en los años 90, al abrir la importación, terminó destruyendo la industria propia. Teníamos una avalancha de material europeo, lo que ellos no vendían los mandaban para acá y no se podía competir con esas revistas. A la par, con la crisis económica, la población se fue empobreciendo y las grandes editoriales se terminaron fundiendo. Record, Columba, la Urraca, por nombrarte algunas. A principio de los 2000 hubo un resurgimiento a través de los libros. Lo que pasa que el libro tiene una circulación menor y nunca se va a vender tanto como las revistas, que se vendían de cientos de a miles. Un ejemplo, en los 70 y 80, la editorial Columba vendía un millón de ejemplares por mes. Osvaldo Soriano vendía ochenta mil ejemplares cada libro que vendía. Hoy, diez mil es una barbaridad. Entonces, la historieta se adaptó al formato libro, pero también, la distribución es menor porque se vende en comiquerías y librerías y son pocas por ciudad. No es lo mismo que la cantidad de kioscos. En el resto del mundo, la historieta sigue. En el único país que decayó fue acá. La Escorpio se sigue publicando en Italia, los grandes personajes como Dago, siguen vigentes.

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