Del Papel Sensible a la Nube. El Viaje de Nuestra Memoria Visual

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Joaquin presenta su novia Monse a sus padres. Después de unos días, se cumple el ritual de mostrar las albunes de fotos donde estan reflejados las primeras imágenes desde bebe a los cumpleaños , pasando por los primeros viajes al mar y la cordillera. A lo largo de la historia, las familias pudieron reflejar sus momentos históricos con cámaras que hoy en día están incorporadas a los teléfonos. Las historias personales pero, también, las historias de pueblos y un país descansan en cajones, cajas de zapatos, roperos, rollos de fotos sin revelar, muchos de ellos con un altisimo valor pero olvidados o resguardados para ocasiones especiales.

Autor: Marcelo Fabián Miranda mirandamarcelofabian@gmail.com

Los primeros registros fotograficos, con grandes cámaras de madera y zoom de papel, tipo acordeón, exigían estar varios minutos para que la imagen se plasmara en vidrios y después en papel sensible. Solo algunos poseían este tipo de tecnología que luego, empresas como Kodak se encargaron de masificar con las primera cámaras fotográficas que eran cuadrados de madera y cuero con un orificio donde entraba la imagen y otro donde se veia lo que se fotografíaba. Mas tarde aparecería el sistema de espejos que posibilitaba ver exactamente que se estaba fotografiando y un sistema de lentes que permitian acercar la visión de la imagen.

Una vez que se masifico la tecnología, comprábamos el rollo de 12, 24 o 36 , cuidábamos cada disparo como si fuera oro y, después de las vacaciones, venía el ritual: dejar el carrete en el local de fotografía y esperar 24 o 48 horas para ver qué había salido.

Era habitual que descartáramos varias fotos porque estaban desenfocadas o le faltaban luz, el resto iba a parar a los clásicos albunes que mostrábamos en eventos familiares para luego quedar olvidados para ocasionales especiales, como el ingreso de un nuevo integrante de la familia.

Con el tiempo fue evolucionando la exibicion de las fotos desde retratos en las paredes hasta galerías en plataformas de redes sociales como facebook o instragram. Es posible que las nuevas generaciones tengan más fotografías en servidores de estas redes sociales que guardadas en un cajón.

Si antes el santuario eran esas cajas de zapatos o los álbumes pesados con hojas adhesivas, hoy nuestras fotos viven en «la nube». Google Photos, iCloud o el disco rígido externo son los nuevos depósitos.

El almacenamiento de las imágenes cambio de soportes, paso de la foto-objeto (que se tocaba y olía) a la foto-pantalla. Hoy nuestros mejores recuerdos decoran el protector de pantalla del Smart TV mientras cenamos, son el fondo de bloqueo del celular que miramos 100 veces al día o el posteo de Instagram que busca el «me gusta». La foto dejó de ser un recuerdo estático para convertirse en un papel tapiz digital que nos acompaña a todos lados.

Si bien tenes acceso a nuestras fotos es posible en todo momento, al estar digitalizadas, también podrían desaparecer en un segundo. Un teléfono robado o un disco que se rompe puede borrar décadas de historia personal. ¿Cómo cuidarlas? La regla de oro de los archivistas es guardalas en 3 formatos diferentes, por ejemplo en un disco rígido y en la nube  además de una copia en papel pero en un lugar donde no le afecte la humedad, el calor o la luz directa.

Así como nuestras fotos familiares cuentan quiénes somos, la fotografía argentina ha documentado nuestros dolores y alegrías colectivas. En la historia reciente, hay imágenes que marcaron  momentos claves con la  plaza de Mayo en 1982, con el antes y después de la Plaza de Mayo; el  2001, la imagen del helicóptero saliendo de la Rosada o los cacerolazos y el abrazo  de Messi con la Copa de futbol del mundial de 2022.

Pero ¿que papel ocupa el fotógrafo profesional en este panorama? En un mundo donde todos llevamos una cámara de alta resolución en el bolsillo, el profesional ya no es solo quien posee el equipo, sino quien sabe narrar una historia, manejar la luz de forma narrativa y capturar la esencia de un momento que el automatismo de un celular suele aplanar. Hoy, su valor reside en la capacidad de entregar un producto artístico y técnico que trasciende la inmediatez de las redes sociales, convirtiéndose en la memoria visual de calidad.


Viviana Portnoy es docente en el Instituo Patagónico de la Artes, organizadora del Festival Lumen y fotógrafa profesional. A los 11 años inicio su experiencia con la fotografia y luego realizó un recorrido que la llevo a ser una de las referentes de la fotografía en el norte de la Patagonia.

-¿Cuál es el camino tecnológico y de conocimiento que has recorrido desde ese entonces hasta ahora?

Viviana: Cuando arranqué, me regalaron una cámara y, como cualquier niño, jugaba con una camarita Pocket automática Kodak, de esas que tenían hasta un flash arriba que se iba quemando en cada disparo. Eso fue como un juego. A mí siempre me gustó la parte de las artes plásticas, la pintura. Después estudié Bellas Artes en la especialidad de pintura. Decidí hacer un viaje a México y para ese viaje hice un curso de fotografía para aprender a usar una cámara Reflex de mi papá; una cámara analógica de película con todos los mandos manuales. Llevábamos película blanco y negro, color, diapositiva… todas las opciones de ese momento.

-Y viraste de a poco hacia la fotografía como centro de tu trabajo.

Viviana: Sí, porque después fui dejando de pintar. Tuve buenos maestros en Buenos Aires que me abrieron un panorama, conociendo fotografía de autor. Ya después me vine a vivir acá a General Roca y me acerqué a Casa de la Cultura con Rubén García, quien dictaba los cursos ahí. Comenzamos a trabajar juntos y armamos el Fotoespacio, que estuvo 25 años en el hall superior. La idea era multiplicar la cantidad de gente; éramos muy pocos cuando llegué a Roca. Si hacíamos una inauguración acá, venían los de Neuquén y viceversa. Dábamos las clases y enseñábamos a revelar blanco y negro. Fue una etapa muy linda y larga.

-Ahora, con las exposiciones virtuales y los teléfonos… ¿qué lugar le queda al fotógrafo profesional o con tu trayectoria?

Viviana: En las redes hay de todo. Vos vas siguiendo la obra de fotógrafos o los festivales que se van haciendo. Todo convive. Ahora hay una muestra en el Museo de Bellas Artes donde hay fotos, pinturas, distintas artes. El tema de las muestras continúa, pero hay otros formatos como el digital o el fotolibro (la impresión de obra en libros), que está muy en auge. A la vez, las técnicas antiguas se siguen usando. La nueva generación está buscando mucho los procesos alternativos de los comienzos de la fotografía; están como muy de moda ahora. Y ahora también está el debate de la Inteligencia Artificial y la generación de imágenes muy parecidas a lo fotográfico.

-Entonces, ¿todavía es posible sacar fotos con rollo y revelarlas como antes?

Viviana: Todavía se hace. Se consiguen los materiales (se pueden pedir). De hecho, nosotros en el IUPA, por ejemplo, con los estudiantes lo seguimos haciendo y les súper interesa. Y a la vez trabajamos la imagen digital y este año abrimos el debate de qué pasa con la IA.

-¿Cómo se aborda esto desde la docencia? ¿Qué le recomendás a tus estudiantes?

Viviana: Es abrir el panorama a una nueva herramienta que todavía ni nosotros manejamos. Es empezar una exploración. Yo enseño fotografía, pero tenemos que ver que aparece esta otra posibilidad que, para mí, no es fotografía, pero sí son imágenes generadas de otra manera. Es un debate sobre qué es real y qué no. En lo creativo, si uno lo quiere usar para hacer obra de arte y no para retratar la realidad en algo documental, me parece válido.

-Hay una convivencia entonces.

Viviana: Sí, hay una intención distinta cuando uno fotografía para documentar que cuando uno fotografía para hacer una obra artística.

-La fotografía, al igual que la radio, ha ido mutando y todavía está vigente. ¿Es así?

Viviana: Sí, la fotografía no va a ser reemplazada. Siempre está ese miedo; cuando apareció lo digital también nos asustamos. Es un arte muy noble.

-Cuando apareció la fotografía, se asustaron los pintores.

Viviana: Justamente de eso hablábamos ayer en clase: qué pasó con los artistas cuando aparece la fotografía y cómo se influyen. Aparece la pintura moderna y se despegan de tener que retratar la realidad tal cual es porque aparece la foto.


Por su parte, las casas de fotografía han tenido que reinventarse para no quedar como museos del siglo XX. Muchas han dejado de ser simples centros de revelado para transformarse en talleres de impresión de bellas artes (fine art) y centros de servicios digitales. Su supervivencia depende de ofrecer lo que el hogar no puede: papeles de alto gramaje, químicos controlados para una durabilidad de décadas y el asesoramiento experto para el fotolibro, ese formato que ha devuelto la tangibilidad al recuerdo y que se ha convertido en el nuevo estándar del álbum familiar moderno.

En esencia, el objetivo es el mismo, en papel o en una pantalla la idea es trascender en el tiempo, hacerle una trampa a la finitud y poder contar tiempos pasados. Ya sea para nosotros u otros, las imágenes congeladas en el tiempo, la fotografía, siguen estando vigentes y serán un testimonio en este mundo a pesar que nosotros ya estemos en otro plano.

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