Tonomac fue la voz que unió al campo y la ciudad. Pensadas para resistir el polvo, los golpes y las largas distancias, las radios Tonomac se convirtieron en el emblema de la durabilidad nacional. Detrás de sus gruesos circuitos se esconde la visión de un país que soñaba con exportar tecnología al mundo.
Autor: Marcelo Fabian Miranda (mirandamarcelofabian@gmail.com)
Mientras otras marcas apostaban al lujo de los muebles de living o a la estética pop urbana, Tonomac forjó su identidad en la resistencia y la ingeniería pura. La empresa fue liderada por Marcelo Diamand, un ingeniero, economista y empresario que no solo fabricaba radios a transistores, sino que pensaba en el modelo productivo del país.
Marcelo Diamand (1929-2007) fue una de las mentes más brillantes y originales del pensamiento económico argentino. Su particularidad es que no provenía de la academia tradicional. Fue un ingeniero industrial, empresario tecnológico y economista autodidacta que logró explicar los problemas estructurales de Argentina directamente desde la experiencia de su fábrica.

Nació en Polonia en el seno de una familia judía. Tras sobrevivir a la Segunda Guerra Mundial (gran parte de ella en Rusia), emigró a la Argentina en 1947, donde se nacionalizó. Estudió ingeniería en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y fundó Tonomac, la empresa con la que fabricó la primera radio a transistores de América Latina en 1956.
Diamand soñaba con una industria nacional capaz de competir internacionalmente frente a la arremetida de la electrónica japonesa. Esa visión de soberanía tecnológica se tradujo en la filosofía de sus productos con equipos robustos, de excelente recepción y diseñados para las distancias de la geografía argentina.

Aunque la marca es recordada por su durabilidad extrema, Tonomac no descuidaba el aspecto visual. En la década de 1960, la empresa contrató al diseñador industrial argentino Hugo Kogan (reconocido por su trabajo con Noblex y por inventar el Magiclick). Kogan aportó para crear modelos que hoy son piezas de museo, como la radio Lark y el radiorreceptor Champ (1971), demostrando que la industria local podía tener un lenguaje estético propio y moderno sin perder funcionalidad.
Si hubo un modelo que definió a la marca y se ganó un lugar en la historia grande de la electrónica, fue la Tonomac Super Platino. Lanzada en sus primeras versiones en los años 70 (y sumando recepción de Frecuencia Modulada hacia 1978), esta radio multibanda fue el «tanque de batalla» de la comunicación.
Cualquiera que haya abierto una Súper Platino se ha encontrado con placas base y pistas de cobre inusualmente gruesas. Estaban soldadas para soportar caídas, la vibración de los tractores y el polvo de los caminos de tierra. También contaba con una inmensa antena de ferrita interna para la Amplitud Modulada (AM) y una antena telescópica exterior para captar hasta 7 bandas, incluyendo múltiples rangos de onda corta, vitales para las zonas alejadas.
Por su tamaño y volumen, era la radio que acompañaba a los peones en el campo, a los mecánicos en los talleres y a las familias en las rutas. Era común verlas atadas con alambre o cinta, con marcas profundas de golpes, pero sintonizando emisoras a la perfección.
Hacia principios de la década de 1980, parte del ensamblaje de modelos como la Súper Platino se realizaba en departamentos como Rawson, en la provincia de San Juan. Tonomac no solo conectaba a la gente a través de las noticias y la música, sino que generaba un ecosistema de matricería, tornería y ensamblaje técnico verdaderamente federal.
Hoy, restaurar una Tonomac antigua requiere mucha paciencia para limpiar décadas de grasa y tierra acumulada en sus potenciómetros, pero sus robustos transistores y bobinas suelen seguir operativos. Son el testimonio material de una época en la que la Argentina fabricaba tecnología hecha para durar toda la vida.
[2] https://www.clarin.com/economia/Economistas-realzan-guru-Marcelo-Diamand_0_Syw-uS62PQl.html






