Antes de la fibra óptica y los satélites, cruzar el océano en tiempo real dependía de la ionosfera y una buena antena telescópica. Un viaje a la época donde sintonizar continentes a miles de kilómetros era posible gracias al ingenio de la industria argentina.
Editor: Mg. Marcelo Fabian Miranda mirandamarcelofabian@gmail.com
La historia de la portabilidad en la Argentina no empezó en un laboratorio de Silicon Valley, sino en un pequeño taller de reparaciones en el barrio porteño del Abasto. En 1935, un joven aficionado por la radiofonía llamado Armando Pla fundó Nobleza Radio. En sus primeros años, la empresa fabricaba pesados equipos valvulares, diseñados para ser el centro del hogar.
Su primer gran éxito de ventas fue la radio Noblesse. Sin embargo, el verdadero punto de inflexión llegó en la década de 1960. El avance de los transistores (que reemplazaron a las frágiles y calientes válvulas de vacío) permitió achicar los componentes. Con esta nueva tecnología a disposición, Armando y su hermano Alfredo dieron un vuelco que acompañó el cambio, la empresa pasó a llamarse Noblex.
Noblex entendió antes que muchos que la comunicación debía ser móvil por lo que la radio dejó de ser un electrodoméstico estático para convertirse en un compañero de ruta. Dos modelos definieron esta era y se convirtieron en íconos indiscutibles del diseño industrial argentino. Por un lado, Noblex Carina fue lanzada a mediados de los años 60. Forrada en un característico estuche de cuero sintético, con una correa para llevarla al hombro y transistores de germanio en sus primeros circuitos, la Carina sacó el fútbol del living y lo llevó a la cancha. Las transmisiones deportivas de los domingos por la tarde comenzaron a escucharse en estéreo analógico directamente desde las tribunas, donde miles de hinchas sintonizaban sus radios portátiles a pila.

Por otro lado, la Noblex Siete Mares, ícono del diexismo, es decir, aquellos que gustaban de sintonizar radios de amplitud modulada de todo el mundo, cuando las grandes radios europeas y asiáticas tenian servicio de exterior en español. La Siete Mares (lanzada hacia 1970) era una radio multibanda diseñada para la onda corta. Su característica más recordada era la pesada tapa superior, al abrirla, revelaba un planisferio metálico con un calculador de husos horarios. En una época sin internet, la Siete Mares le permitía a un argentino en el medio de La Pampa sintonizar las noticias de Radio Moscú, la BBC de Londres o transmisiones de radioaficionados en plena Guerra Fría.
La empresa Noblex también llevó estos cambios de portabilidad de los equipos al terreno de los audiovisual. El Noblex Micro 9 fue un televisor portátil en blanco y negro (y posteriormente el receptor TS 8) que rompió con la solemnidad de la época. El diseñador Roberto Nápoli tomó un chasis técnico complejo y lo envolvió en gabinetes de plástico liso con colores rojo bermellón, amarillo limón y blanco. Ya no era solo un aparato electrónico, era un objeto pop.
Como muchas empresas de tecnología argentinas, los vaivenes económicos hicieron que desaparecieran o se transformaran estos iconos de la tecnología nacional. Aunque la empresa la empres Noblex fue adquirida por el Grupo Newsan en 1999 (trasladando su polo productivo a Tierra del Fuego y adaptándose a las eras del LED y los smartphones), los equipos originales de Armando Pla mantienen un estatus de culto.
En los estantes de un museo de la comunicación, una Noblex Siete Mares o una Carina no son simples antigüedades; son testimonios físicos de cuando la industria argentina logró miniaturizar la tecnología para que, por primera vez, el país entero pudiera llevar la actualidad en la palma de la mano. Antes de los satélites de comunicaciones, los cables submarinos de fibra óptica y el internet, lograr que un mensaje de audio cruzara un océano en tiempo real parecía magia. El verdadero truco que permitía a la Noblex Siete Mares sintonizar Radio Moscú o la BBC de Londres desde La Pampa no estaba solo dentro de la radio, sino en el cielo.
Para los que vivimos en el norte de la Patagonia argentina, esta radio permitió acceder a información muy necesaria en tiempos difíciles. Durante la posibilidad de guerra con Chile, en los años 70 o la guerra de Malvinas, fue posible encontrar información que salteara la censura del gobierno militar. Los servicios internacionales de radios en español, todavía hoy en día son muy buscados, a pesar que muchos fueron dados de baja, principalmente las radios europeas. Por otro lado, la Noblex Carina, con su pequeño tamaño, permitió que jornaleros y chacareros, en el norte de la Patagonia, pudieran transportar los aparatos a sus lugares de trabajo. Era común ver estas radios colgadas de las plantas de manzanas mientras se cosechaba o realizaba las podas. También iban sobre los tractores o las bicicletas cuando había transmisiones de partidos de fútbol y no se podía estar en los hogares para ver la televisión.
A unos 60 a 300 kilómetros sobre la superficie de la Tierra se encuentra la Ionosfera. Esta capa de la atmósfera está constantemente bombardeada por la radiación ultravioleta y los rayos X del Sol. Esta radiación «arranca» electrones de los átomos de gas, creando una capa de partículas cargadas (iones).

Cuando una estación de radio en Europa transmitía en onda corta, ocurría lo siguiente, la antena transmisora apuntaba la señal electromagnética hacia el cielo en un ángulo oblicuo. La onda, en se curvaba y «rebotaba» de regreso hacia la superficie terrestre. La onda volvía a golpear la tierra a miles de kilómetros de su origen, y frecuentemente rebotaba nuevamente hacia el cielo, haciendo múltiples «saltos» en zigzag entre la tierra y la atmósfera hasta cruzar el globo entero.
La radio Noblex con una antena telescópica metálica larguísima y orientable. Como las señales rebotan mejor de noche, los usuarios abrían la tapa de su Noblex, consultaban el mapa mundial de chapa y calculaban qué hora era en el país emisor para saber en qué frecuencia exacta debían buscar la transmisión.
Sentarse frente a una Noblex Siete Mares a las dos de la mañana, moviendo el dial milímetro a milímetro entre silbidos espaciales y ruido estático hasta escuchar de repente la voz nítida de un locutor al otro lado del planeta, era verdaderamente tener el mundo entero en una pequeña caja de plástico, aluminio y transistores.
Fuentes
Blanco, Ricardo (2005). Crónicas del Diseño Industrial en Argentina. Ediciones FADU – Universidad de Buenos Aires.
Méndez Mosquera, Carlos A. (y otros). Artículos históricos en la Revista Summa (Colección histórica, años 60 y 70).
Gandolfi, Fernando. (2012) Historia técnica, estética y social del aparato de radio en Argentina. Universidad Nacional de La Plata, HiTePAC
Ulanovsky, Carlos; Merkin, Marta; Panno, Juan José y Tijman, Gabriela (1995). Días de Radio (1920-1995). Editorial Espasa Calpe.
Vintaradio.com






